Santi y yo decidimos bajar por la tarde al barrio más cercano a callejear por el mercadillo. En realidad es una avenida que parece infinita llena de tiendas y puestos. Hay que andar con ojo. Los agujeros de la acera, los puestos que te obligan a salir de ella, las motos que te pasan a un palmo,...¿cruzar la calle? Me gustaría gravar un video mientras camino.
Ya me lo habían dicho. No hay foto que haga justicia. ¡¡¡Hay que estar aquí!!!
Me consta que muchos estais siguiendo el blog con entusiasmo.
Me alegro, pues lo pensé mucho antes de iniciarlo y ahora cada vez que veo la estadística de visitas me siento muy acompañado.
Un abrazo para todos desde esta tierra.
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