viernes, 9 de diciembre de 2011

Vaya finde


El sábado descanso y “zafarrancho de combate”. La semana ha sido dura.
Por la tarde quedamos con Isa. Otra sevillana de una organización muy conocida de la que no diremos la marca para no hacer publicidad. Visitamos un parque en el centro y satisfacemos los deseos de Mada en una pastelería de lujo. Somos centro de atención allí donde vamos. Hay niños que se quedan impasibles con la boca abierta al vernos y otros nos piden hacerse una foto con nosotros. Más bien es por Santi, sus rastas son importantes. Nos sentamos en una calle cantonera de una plaza y me da la sensación de que puedo ser Brad Pit en Spy Game y no precisamente por lo rubio ni lo guapo. Es un ir y venir de vendedores ambulantes de todas las edades y sexos posibles. Parece que han prendido fuego a alguna cosa en el otro lado de la plaza y el humo hace que que el ambiente sea más tenebroso.
Pedimos unas cervezas y nos vamos relajando mientras charlamos y observamos el  escenario. Creo que si en otro momento me sacan de mi ambiente y teletransportado aparezco aquí el colapso me dejaría inmóvil.
Mada y yo comenzamos a llamar a algún vendedor y podemos mirar y preguntar sin que la respuesta sea tan agresiva como en los países árabes del magreb. Compramos  alguna cosa, unos cacahuetes y cambio de tercio.
A cenar al barrio de Bastos (zona pija de la ciudad). Al acabar comienzo a sentirme   algo extraño y no es precisamente que me esté transformando en Brad Pit. Vamos a   bailar a Obili. Otra vez centro de atención en un bareto y llega un momento que el acoso es agotador.
Decidimos dar por terminada la jornada los tres de casa. Los otros siguen. Cogemos una moto para subir y Mada y yo vamos en la misma. Nos reímos un montón en la subida, “pues tiene miga” (como ella diría) Suerte que el conductor es prudente. Nos sentamos en la terraza a comentar la jugada y no tarda en completarse mi transformación

                     ¡¡¡Malditos cacahuetes!!!




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